Los cinco emperadores
El año de los cinco emperadores: poder, propaganda y transformación del denario
Tras el asesinato de Cómodo, el Imperio romano entró en una de las crisis más profundas y reveladoras de su historia. En el transcurso de apenas unos meses, un emperador fue asesinado, otro accedió al trono mediante una subasta organizada por la Guardia Pretoriana y varios generales se proclamaron emperadores desde distintos puntos del Imperio, dando lugar a una situación de fragmentación del poder sin precedentes inmediatos.
El año 193 d.C. no fue únicamente una sucesión de gobiernos efímeros, sino un momento de transformación estructural en el que el acceso al poder dejó de depender principalmente de las instituciones tradicionales para quedar condicionado, de forma cada vez más evidente, por el respaldo militar. En este nuevo escenario, las legiones se consolidaron como el verdadero fundamento del poder imperial, mientras que el denario se convirtió en un instrumento esencial para proyectar y legitimar ese poder a través de la propaganda.
El mapa del poder tras la muerte de Cómodo

Para comprender el desarrollo de esta crisis resulta imprescindible situar a sus protagonistas en el momento inicial, ya que su posición geográfica y militar condicionó decisivamente los acontecimientos posteriores.
En Roma, Pertinax, veterano senador y antiguo general, fue proclamado emperador por el Senado con la intención de restaurar el orden tras la muerte de Cómodo, en un intento de recuperar la autoridad institucional. También en la capital se encontraba Didio Juliano, otro senador de alto rango que, aunque inicialmente no ostentaba el poder, se hallaba en una posición privilegiada para influir en los acontecimientos inmediatos.
En Oriente, en Antioquía, Pescenio Níger ejercía como legado imperial en Siria, controlando varias legiones y algunas de las provincias más ricas del Imperio, lo que le proporcionaba una base de poder sólida tanto desde el punto de vista militar como económico. En Britania, Clodio Albino dirigía un ejército importante, aunque geográficamente alejado del centro político, mientras que en el Danubio, en Panonia Superior, Septimio Severo mandaba tropas experimentadas en una de las fronteras más activas del Imperio, lo que le situaba en una posición especialmente favorable en un contexto de conflicto.
Estos cinco hombres, distribuidos en puntos estratégicos del territorio imperial, no fueron emperadores simultáneamente ni todos obtuvieron el mismo grado de reconocimiento, pero sí participaron en una misma dinámica de confrontación en la que la legitimidad tradicional quedó progresivamente subordinada a la capacidad real de imponer el poder mediante el ejército.
Pertinax: la restauración institucional sin base militar
El Senado trató de recuperar el control del Estado nombrando emperador a Pertinax, cuya trayectoria como administrador y militar lo convertía en una figura respetada, aunque carente de una base sólida de apoyo entre las tropas. Su reinado, que se extendió desde el 1 de enero hasta el 28 de marzo del año 193, fue extremadamente breve, circunstancia que se refleja en una producción monetaria limitada pero muy coherente desde el punto de vista ideológico.
Sus denarios, acuñados en Roma y caracterizados por la leyenda IMP CAES P HELV PERTIN AVG

Denario subastado en NOMOS en 2018 por 7.195€
desarrollan un programa iconográfico centrado en la restauración del orden, en el que aparecen alegorías como Aequitas, símbolo de justicia y equilibrio institucional, Providentia, que remite a la previsión en el gobierno, o Laetitia temporum, que proyecta la idea de un nuevo comienzo para el Imperio. A estos mensajes se suman referencias a la liberalidad imperial y al abastecimiento, configurando un discurso orientado a transmitir estabilidad política, económica y social.
Sin embargo, este programa revela una debilidad fundamental, ya que omite cualquier referencia explícita al ejército, que en ese momento constituía el verdadero soporte del poder. Pertinax intentó imponer disciplina y reducir privilegios en las filas militares, ofreciendo además un donativo inferior al esperado por las tropas, lo que provocó el rechazo de la Guardia Pretoriana, que terminó por asesinarlo, evidenciando que la autoridad institucional ya no era suficiente para sostener el poder imperial.
Didio Juliano: legitimidad sin poder real
Tras el asesinato de Pertinax, la Guardia Pretoriana protagonizó un episodio extraordinario al subastar el trono imperial, siendo Didio Juliano quien ofreció la mayor suma y accedió al poder sin disponer de un respaldo militar efectivo. Su reinado, que se prolongó desde finales de marzo hasta comienzos de junio del año 193, fue incluso más breve que el de su predecesor, y su producción monetaria, reducida a unos pocos tipos, refleja con claridad esta fragilidad.

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Los denarios de Juliano presentan en el anverso su busto laureado y recurren en los reversos a alegorías tradicionales como Concordia, Fortuna o Securitas, así como al globo como símbolo de dominio universal, configurando un discurso orientado a transmitir estabilidad y control. A ello se añaden emisiones en las que aparecen su esposa, Manlia Scantilla, y su hija, Didia Clara, asociadas a divinidades como Juno, Pietas, Fortuna o Hilaritas, en un intento de proyectar una imagen de continuidad dinástica.
Este programa iconográfico, sin embargo, no podía compensar la ausencia de poder real, ya que Juliano había adquirido Roma, pero no el Imperio. Cuando Septimio Severo avanzó hacia la capital al frente de sus legiones, el Senado retiró su apoyo y ordenó su ejecución a comienzos de junio del 193, poniendo fin a un reinado que ejemplifica los límites de la legitimidad sin respaldo militar.
Pescenio Níger: victoria, justicia y poder militar
Mientras en Roma se sucedían emperadores efímeros, en Oriente Pescenio Níger construía una candidatura mucho más sólida al poder imperial, siendo proclamado emperador por las legiones de Siria en Antioquía durante la primavera del año 193, con el respaldo de las provincias orientales.

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Su producción monetaria, significativamente más abundante, supera el centenar de tipos de denarios, lo que refleja una intensa actividad propagandística en un periodo relativamente corto. En ellos aparece con la leyenda IMP CAES C PESC NIGER IVST AVG, destacando explícitamente su condición de emperador justo (Iustus), y sus reversos articulan un discurso coherente basado en tres ejes fundamentales.
En primer lugar, la victoria militar, representada mediante figuras como Victoria, Mars o Minerva, que subrayan su capacidad para imponerse en el campo de batalla; en segundo lugar, la estabilidad y el retorno al orden, simbolizados por Fortuna Redux; y en tercer lugar, la justicia como fundamento de su legitimidad, expresada a través de Iustitia. A estos elementos se añaden referencias a la prosperidad (Felicitas Temporum), la estabilidad económica (Moneta) y la legitimación divina mediante divinidades como Júpiter o Apolo.
El resultado es un programa propagandístico directo y eficaz, centrado en la combinación de poder militar, legitimidad y estabilidad, sin recurrir a elementos dinásticos. Pese a ello, Níger fue derrotado por las tropas de Septimio Severo en el año 194 y ejecutado tras intentar huir, poniendo fin a su aspiración imperial.
Clodio Albino: la ruptura del equilibrio político
Clodio Albino, gobernador de Britania, inició su trayectoria en este conflicto como aliado de Septimio Severo, quien lo nombró César con el objetivo de asegurar su retaguardia mientras combatía a otros rivales, integrándolo formalmente en el sistema como posible sucesor.
Sus emisiones monetarias reflejan esta evolución, comenzando con un discurso prudente y plenamente institucional, centrado en la estabilidad, la prosperidad y la continuidad del orden romano, pero incorporando progresivamente virtudes imperiales propias, como la justicia, la clemencia o la fidelidad del ejército, que configuran una imagen cada vez más autónoma.

Denario subastado en Aureo & Calicó en 2013 por 1300€
El punto de ruptura se produce en el año 195, cuando Severo eleva a su hijo Caracalla como sucesor, alterando el equilibrio político y llevando a Albino a proclamarse Augusto. A partir de ese momento, su discurso se transforma y adopta un carácter claramente militar, con referencias a Victoria, Mars, Iuppiter o Hercules, reflejando la inminencia del enfrentamiento.

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La guerra culmina en el año 197 con la batalla de Lugdunum, donde Albino fue derrotado y murió tras el conflicto, cerrando así su intento de acceder al poder imperial.
Septimio Severo: del poder militar a la dinastía
Septimio Severo representa la consolidación de este nuevo modelo de poder, ya que, proclamado emperador por sus tropas, marchó sobre Roma, tomó el control de la capital y reorganizó la Guardia Pretoriana, sustituyéndola por soldados procedentes de sus propias legiones.

Denario subastado en Numismática Ars Classica en 2015 por 576€
Sus denarios permiten seguir con claridad la evolución de su discurso político, que en una primera fase se apoya en la legitimación institucional mediante la adopción del nombre de Pertinax, visible en la leyenda IMP CAE L SEP SEV PERT AVG, mientras que los reversos evidencian el papel central del ejército mediante referencias a su fidelidad y poder.
Durante la guerra contra Pescenio Níger, la propaganda se intensifica con emisiones que destacan la victoria y la virtud militar, como VICTORIA AVG, VIRTVS AVG o FIDES EXERCITVS, y tras la victoria en Oriente el discurso se orienta hacia la prosperidad y la estabilidad, con leyendas como FELICITAS TEMPORVM o SAECVLVM FRVGIFERVM.

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Paralelamente, Severo inicia una transformación ideológica al desvincularse progresivamente de Pertinax y adoptar un lenguaje propio de la tradición antonina, visible en leyendas como SEVERVS PIVS AVG, reforzando esta estrategia mediante la integración simbólica en la dinastía de Marco Aurelio y el cambio de nombre de su hijo a Marcus Aurelius Antoninus.

Denario subastado en Gorny & Mosch en 2022 por 2600€
Tras la derrota de Clodio Albino en el año 197, su posición queda definitivamente consolidada, y el discurso monetario abandona el tono bélico para centrarse en la estabilidad, con referencias a PAX, SECVRITAS o CONCORDIA. En el año 198, al elevar a Caracalla a Augusto y nombrar César a Geta, establece formalmente una nueva dinastía, incorporando a su familia en las emisiones monetarias como garantía de continuidad del poder.

Denario subastado en Aureo & Calicó en 2012 por 2600€

Denario subastado en Harlan J.Berk en 2015 por 2.902€
La transformación del denario: una consecuencia de la guerra
La crisis política tuvo una consecuencia directa en el sistema monetario, ya que a finales del reinado de Cómodo y durante el breve gobierno de Pertinax el denario aún mantenía una pureza relativamente elevada, en torno al 65–70% de plata, lo que garantizaba su estabilidad como referencia económica.
Sin embargo, el contexto de guerra civil alteró profundamente este equilibrio, ya que cada aspirante al poder necesitaba financiar campañas militares, pagar a sus tropas y asegurar su lealtad, lo que incrementó de forma considerable el gasto.
Con la llegada de Septimio Severo, este proceso se aceleró de manera decisiva, de modo que entre los años 193 y 196 d.C. el contenido de plata del denario descendió rápidamente hasta situarse en torno al 55%, continuando posteriormente hacia niveles cercanos al 50%, lo que refleja un cambio estructural en la naturaleza de la moneda.

A partir de ese momento, el denario dejó de ser una moneda de plata relativamente estable para convertirse en una emisión progresivamente degradada, en la que el cobre adquiría un protagonismo creciente, marcando el inicio de una transformación que culminaría pocos años después con la introducción del antoniniano por parte de Caracalla.
Conclusión
El año 193 d.C. supuso un punto de inflexión en la historia de Roma, no solo por la sucesión de emperadores, sino por el cambio en las reglas del poder, que a partir de entonces dependería fundamentalmente del respaldo militar.
El denario, como reflejo de ese sistema, evolucionó en paralelo, pasando de ser una moneda relativamente estable a convertirse en un instrumento cada vez más condicionado por las necesidades del Estado.
En este sentido, el llamado “año de los cinco emperadores” no representa únicamente una crisis política, sino el inicio de una nueva etapa en la que poder, ejército y moneda quedaron definitivamente unidos.